Es un tratamiento tradicional de los balnearios que empezaron a proliferar a finales del siglo XIX. Consiste, en esencia, en suministrar, con gran fuerza, chorros de agua a presión. La temperatura se va alternando de tal manera que, tras disfrutar del agua caliente, llega la fría.

Aunque los modernos aparatos no discrimen por zonas del cuerpo, algunos establecimientos más exclusivos ofrecen un servicio más selectivo. Así, de forma manual, el agua caliente se proyecta sobre hombros y espalda (donde se acumula la tensión). Y el agua fría se concentra en la parte inferior del cuerpo. Con esto movimiento se consigue estimular la circulación periférica. Suele combinarse con la sauna.